Si Milei gana
O, más importante, cómo puede ganar. Incluso perdiendo.
El gobierno de Javier Milei llega a las elecciones del domingo 7 de septiembre en crisis económica, política y moral. El resultado de estos comicios no es de ninguna forma neutral.
El puntaje que mira el Círculo Rojo es que una victoria y hasta un empate de La Libertad Avanza es un buen resultado. Una derrota por pocos puntos (¿hasta 4 o 5?) es un resultado neutral. Y un triunfo del peronismo por amplio margen es una derrota catastrófica.
El tercer escenario, el de derrota catastrófica, tiene una baja probabilidad (el staff de la consultora Pyrex Analytica está con pedido de captura de vacaciones), pero es el que desataría una mayor crisis en el Gobierno. Ese panorama fue analizado en la última entrega, Se va todo a la mierda, que fue ampliamente celebrado por la crítica y el público.
Pero Peor Es Laburar se caracteriza por llevar la contra a su público, al pensamiento fácil y a sus propias intuiciones. O al menos eso intenta. Por eso, nos vemos en la obligación de explicar el escenario en el que no se va nada a la mierda. Y las posibles realidades en las que Javier Milei ganaría. Incluso si, en el corto plazo, también pierde.
La crisis económica es a priori el problema más complicado que enfrentan Milei y Luis Caputo. Incluso si los libertarios ganan la provincia, el lunes vuelven a la rutina de tratar de frenar el dólar para ganar las elecciones de octubre. Desde hace meses, el equipo económico apela a todos los trucos posibles para contener la cotización oficial, desde la venta de futuros (que hace una década era motivo de causas penales, aunque por montos mayores) hasta la suba de tasas de interés que liquida a la economía real. En la última semana, blanquearon que además están vendiendo dólares comprados en su momento por el Tesoro (que no son los del acuerdo con el FMI, todavía en manos del Banco Central). Esa dinámica no puede seguir mucho tiempo. Es más, es poco probable que dure mucho más allá de la semana posterior a las elecciones bonaerenses.
Pero no todo está perdido. Una (poco probable) inyección de dólares, por ejemplo del Tesoro de Estados Unidos, ayudaría a contener la cotización del dólar hasta el 26 de octubre. Caso contrario, el Gobierno puede acordar con el FMI una flotación (para arriba) de las bandas cambiarias, cosa de no tener que vender dólares a 1470, un precio que a todas luces es insostenible. Un tipo de cambio más alto, digamos de 1500 a 1800, tal vez no sería recesivo en el corto plazo y ayudaría a estabilizar la situación. ¡Pero los precios van a subir! No tanto. Desde la salida del cepo, y gracias en parte al apretón monetario y a la recesión del último trimestre, los precios tienen poco margen para subir. La inflación desde la salida del cepo fue del 10% con una suba del tipo de cambio de 35%. Y ya a esos precios hay rubros que no venden. ¿Puede dispararse la inflación igual? Sí, pero es probable que otro 20% de devaluación no implique un 20% de inflación. Corolario: Peor Es Laburar calcula que el tipo de cambio real de equilibrio está entre 1800 y 2000 pesos, pero no estamos listos para esa conversación.
El segundo problema que enfrenta el Gobierno es político. Y es un problema de tres frentes. Uno: estalló su propia interna, con sectores enfrentados, sin un liderazgo claro más allá del propio Milei, y con carpetazos anónimos que vuelan desde todos los costados. Esto no es tan difícil de resolver, porque ganar ordena, y todos suelen correr en auxilio del ganador. Un Milei renovado a partir de un triunfo en octubre (¿y septiembre?) no debería tener problema en ordenar a su tropa detrás de sí mismo y de su hermana Karina. Tal vez empodere a Guillermo Francos o tal vez ascienda a un nuevo jefe de Gabinete (¿Martín Menem?) mientras termina de desterrar a Santiago Caputo y sus electrones sueltos.
Otro frente político es contra la política en general. Milei se peleó con demasiados opositores, insultó a demasiados civiles, marginó a demasiados aliados. ¿Cómo se reconstruye una alianza con tantos rivales ofendidos? Una vez más, ganar ordena. Muchos de los gobernadores que hoy están en pie de guerra con La Libertad Avanza tal vez quieran acordar con un espacio vencedor en las legislativas de octubre. Vale el ejemplo indigno de Luis Juez, que ahora enfrenta una campaña sucia de las “Nenas del Cielo” por haber rechazado un único veto presidencial. Salvo esa excepción, siempre votó como quiso Milei y nada quita que lo siga haciendo en unos meses. Lo mismo podría pasar con cualquier otro posible aliado al que el presidente haya vejado discursivamente. La promesa de Milei de dejar de insultar en público, además del desplazamiento de Caputo y su tropa digital, va en esa línea. Un Milei que no insulta pero mantiene sus políticas de saqueo podría decepcionar a algún votante joven, pero seguro le guste más al Partido del Poder Permanente.
Justo el Círculo Rojo es el tercer frente que tiene que cerrar Milei. El establishment hace rato que le busca reemplazos al presidente, como ya contamos varias veces en Peor Es Laburar. Esa búsqueda se aceleró con la crisis del último mes. El reemplazo obvio, a corto plazo, es Victoria Villarruel, que recorre el país en una campaña susurrada. A mediano plazo, o si la cosa llegara a complicarse, aparecen los gobernadores de Provincias “Unidas”. Dos o tres quieren ser presidentes, si logran saltar el cerco de sus distritos. Todos están dispuestos a ser educados mientras mantienen las mismas políticas expoliadoras de la clase media y los trabajadores que ya aplica Milei. Pero para eso todavía falta.
Reconciliar a Milei con el Poder Permanente no va a ser fácil, porque ahí hizo más enemigos y dejó más deudas que en ningún otro sector. El lunes 27 de octubre, si no antes, van a estar esperándolo con las facturas a pagar, los todavía aliados y los rivales también. Ganar ordena, pero no hace milagros. El establishment económico va a pedir un dólar más alto (que va a pasar, quiera el presidente o no) y que apure las reformas laboral, impositiva y previsional. El tercio propio que Milei va a conseguir en el Congreso seguramente blinde sus vetos. Pero para pasar esas leyes va a necesitar más política. O sea, digamos, parecerse más a un presidente normal.
La tercera deuda a saldar es reconciliar a Milei con su votante. Esta tal vez sea la más difícil. El que lo votó por su crítica a La Casta ahora ve el default moral de las acusaciones de coimas. Es un tema difícil de desactivar, no es seguro sacrificar un chivo expiatorio sin que al otro día estalle otro escándalo. Hay demasiadas manos en la lata del espionaje. El que votó al presidente por la economía va a tener que esperar, como mínimo, otro semestre malo, si todo sale bien. Es probable que, incluso si gana las elecciones, Milei ya se haya quedado sin buenas noticias para dar por un rato largo.
Enfrente de Milei hay un peronismo viejo que no termina de morir y tal vez haya un peronismo nuevo que todavía no termina de nacer. El resto son fuerzas locales incipientes que todavía no tienen un liderazgo, aunque sí tienen varios dueños. Y que pueden volver a alinearse con Milei, si los planetas se le alinean. Por eso Milei no tiene contra quién perder en octubre, y por ende debería ganar.
Incluso si a Milei le va mal en septiembre, incluso si ocurriera una catástrofe (poco probable) en octubre, incluso si terminara desplazado, Milei ya ganó. Sus votantes, su núcleo duro, van a seguir ahí, demandando lo que piden ahora. Los que miran el trono con ganas de ocuparlo tienen las mismas ideas. Ninguno puede renunciar al superávit fiscal, seguramente ninguno pueda des-ajustar a los jubilados ni hacer crecer los ingresos. Pero el o la que venga, eso seguro, no va a insultar ni a tener un brote en vivo. Milei seguirá vivo en su sucesor, como un muerto que no para de nacer.
Posdata
Me gustaron esta nota de Leyla Becha y esta otra de Hernán Vanoli.




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