Una cagada tras otra
Manuel Adorni se fue en la renuncia más anunciada de la historia reciente. Hacía semanas, meses, que era un muerto político caminando, un zombi presupuestívoro. Ya todos lo sabían menos él, pero sostuvieron la ficción hasta el último momento. ¿Por qué?
Adorni es un personaje menor. Suelen ser los mejores personajes, porque en su desgracia condensan todos los malentendidos que hacen al país que tenemos. Un pobre tipo que a duras penas pudo recibirse de contador, vendía autos usados, coleccionaba videojuegos retro, amaba a su mujer y en el fondo de su alma, con toda la fuerza, deseaba. ¿Qué cosa? Ser de clase media alta, como todos los argentinos, acceder a unos buenos consumos postergados, que en definitiva es nuestro derecho divino. Las tablas que San Martín encontró cruzando los Andes y nunca trajo para este lado seguro tenían como primeros mandamientos “Irás a Miami” y “Consumirás por encima de tus capacidades”. Amén. Nuestro protagonista encontró la veta de ser apenas exitoso en redes sociales y de alinear su ideología, si la hubiera, con el libertarianismo en ascenso a principios de la década de 2020. Y llegó. Los planetas se alinearon y llegó. Ya la llegada de Milei a la presidencia era un milagro, consecuencia de una interna entre mafias pero milagro al fin. Y Adorni, por su combinación única de pedantería, arrogancia y obsecuencia, terminó como su vocero. Final feliz. O sea, digamos, fin.
Pero en realidad era el principio. Adorni había llegado y se sacó las ganas. Todavía no sabemos bien de dónde sacó la guita pero pasó a cumplir todos los consumos postergados: departamento en la mejor zona de Caballito, casa en el country, pileta, parrilla, cascada, a todo culo, 245 mil dólares en reformas, viajes en avión privado a Punta del Este, pero también millones en muebles y blanquería, ocho mil dólares en un flipper de Los Locos Addams y, acaso la gota que rebalsó el vaso, monitores gamer pagados con la tarjeta de empleados. A vivir que son dos días. Mientras tanto, hacía bien su trabajo y medía. Lo llevaron como candidato a legislador porteño y para sorpresa de todos ganó. No asumió porque lo ascendieron a jefe de Gabinete. Pero se perfilaba como gran candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad en 2027. Era todo en subida. En el camino basureó a los periodistas con los que trabajaba, a sus empleados, le mintió a sus jefes (y le creyeron) y dejó los dedos pegados por todos lados. Completito completito.
Después del hybris viene la hamartia. La soberbia fatal y el castigo. Cuando estaba en campaña, Milei hablaba de los privilegios de la casta. Adorni lo tomó como un manual de instrucciones. Tuvo la imprudencia menor de subir a su esposa al avión presidencial rumbo a Nueva York, a donde encima iba por laburo. Un periodista los vio y los fotografió. A alguien se le ocurrió preguntarle si correspondía. “Yo vengo una semana a deslomarme acá y quería que mi esposa me acompañe”, respondió. Y ahí empezó la cascada de cagadas. Tuvo que explicar ese viaje y otros más, aparecieron las propiedades, entró en escena la escribana Nechevenko, otro gran personaje, que en sus declaraciones venía a blanquear lo evidente: todo esto que hizo Manuel, toda la que hizo, se le dio todo junto, lo hizo en los últimos dos años. Vecinos del country a los que Adorni ninguneó lo mandaron en cana. El contratista al que quiso apretar también. Los periodistas a los que basureó no le dedicaron un centímetro de piedad. Cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Adorni fue ingrato al subir, petulante en la cima, y en el largo camino hacia abajo todos lo orinan. Un poquito de justicia.
El drama no es perder, sino la cara de boludo que te queda. Y a la gente no le gusta que la tomen de boluda, cuando se da cuenta, pero mucho menos cuando quiere tomarte de boludo alguien con tanta cara de boludo. Es un momento de revelación. Adorni probablemente haya hecho algo ilegal y tendrá que responder ante la Justicia. Lo entregaron hace rato y nunca se enteró. Por boludo. Pero el caso ya tiene sentencia popular por otro problema: Adorni cumplió con sus sueños de clase media alta, que son los de todos, mientras el 90% de la gente se achicaba. Todos postergamos consumos en los últimos tres años, algunos con la esperanza de que este programa económico iba a funcionar, otros por obligación. Todos suspendieron vacaciones, patearon el arreglo de la casa, ataron el auto con alambre, pasaron a los pibes a una educación más barata, o peor, bajaron la prepaga, quemaron el stock, vendieron a pérdida. Hubo que tocar el canuto, que para la gloriosa clase media argentina es poco menos que un crimen de guerra. Todo mientras veíamos que un tipo que con suerte podía pagarse un arroz con pollo al disco, porque para carne no alcanzaba, se hacía la parrilla de Messi en un country que antes no tenía. Todo a la vista, porque todo lo había tuiteado: su pobreza, sus anhelos, su enriquecimiento, su medio pelo recuperado, relocalizado, replantado. Fue demasiado.
Adorni se mandó una cagada tras otra. Javier y Karina Milei lo sostuvieron a muerte durante cuatro meses. En el camino perdieron popularidad, capital político, capacidad de maniobra. Y quedaron como el culo. ¿Por qué? ¿Por qué tanto? Muchas razones. Costo hundido: invirtieron mucho en él, sobre todo Karina, para hacerlo candidato el año próximo. Ahora todo eso se perdió. Ideología: Milei no cree que la evasión sea delito, y cuando el tema se veía todavía como un problema de subdeclaración, le pareció algo menor. Afectivo: hipotética amistad, tiempo compartido, complicidad en todos los sentidos de la palabra. Político: atacar, atacar, atacar, nunca defender. Salir a dar explicaciones es para los débiles, y creyeron que entregar a Adorni en un primer momento los debilitaba. No iban a regalarle una renuncia a los medios. Al final lo entregaron tarde y ya debilitados. Inconsciente: acaso Javier y Karina vieran en Manuel a uno de los suyos, un arribista del poder, un tipo que por una carambola del destino termina en la suite presidencial del Four Seasons y siente la necesidad imperiosa de llevarse las toallas. Adorni les pagó ese cariño, que rozó la mala praxis, con una carta de despedida mentirosa, llorona e ingrata. Pataleó encaprichado hasta el final, acaso con alguna amenaza velada para que no le suelten del todo la mano. En ese texto largo e innecesario, usa a sus hijos (a los que nadie, ni los periodistas, nombró) como escudo humano para que no le peguen en el piso. No hay casi nada en esta historia que no esté cubierto de miseria. Al menos le ahorró al Gobierno una derrota legislativa dura. Y tuvo el acierto de irse el 27 de junio, Día del Boludo. En serio.
Adorni ya es historia, anécdota menor, insumo de chicana. Lo reemplazó Diego Santilli, un tipo con más de 20 años en la función pública, casta de la casta. Tiene un patrimonio todavía más difícil de explicar que un flipper o una cascada, denunciado por el propio Milei hace unos años. Pero la hizo, a grandes rasgos, siendo un poco más vivo. Es otro referente del PRO en un gobierno que cada vez se parece más al de Macri. Quedó a cargo de coordinar un gabinete desmovilizado, que no podía salir a anunciar nada porque las denuncias contra su antecesor tapaban todo. Tiene la cancha despejada para negociar con la oposición, que ya no sabía cómo pedirle al gobierno que eche a Adorni para poder seguir votándole todo a favor. Ahora que se terminó la corrupción (risas) no hay razón para no seguir legislando a favor de la extranjerización de la tierra y del coloniaje en general. ¿Tendrá éxito Santilli? Es muy probable, a juzgar por los 14 gobernadores que fueron a su acto de juramento como jefe de Gabinete. ¿El Gobierno querrá cortarle las alas si despega mucho, como ya pasó con Bullrich? Puede ser. Por las dudas, Milei obligó al funcionario a abrazarse con Adorni en el mismo acto, como para evitar que salga demasiado limpio de todo este asunto.
Si le va bien, Santilli puede competir el año que viene por la gobernación bonaerense (¿o el gobierno porteño?), incluso ganar. Economía, a cargo de otro ex PRO, puede seguir vendiendo sus éxitos macroeconómicos (sic) en paz. En paralelo, el ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques puede seguir designando jueces en puestos clave para los próximos 20 o 30 años. No logró demorar mucho las causas que le interesan al oficialismo, pero puede llegar tal vez a completar la Corte Suprema y meter el Procurador General. Sería la frutilla del postre, una estructura jurídica cerrada para garantizar la inviolabilidad del proyecto libertario de estos años. El escándalo Adorni dejó al presidente algo desdibujado, hasta incluso un poco albertizado. Perdió cuatro meses defendiendo al que debería ser un fusible y quedó desafiado en público por una senadora díscola o su propia hermana. Pero lo importante es la obra. Milei puede irse mañana o pasado, pero el saqueo y la entrega total del país a las corporaciones locales y extranjeras, quedará consumada y tallada en piedra.
Mientras mirábamos a Adorni, Milei aprobó el ingreso de tropas de Estados Unidos a territorio nacional por decreto y firmó un acuerdo de cooperación con el Comando Sur para declarar al Mar Argentino como “bien global” a “proteger”. El oficialismo también avanzó con la privatización de una AySA superavitaria, con un Súper RIGI que promete más inversiones (que dejarán menos ingresos) y una ley de “propiedad privada” que permitirá rematar el 15% de cada provincia a extranjeros. La belga Jan de Nul se quedó con la Hidrovía, a Clarín le aprobaron la compra de Telecom con apenas algunas concesiones y José Luis Manzano compró los activos de Shell en Argentina (y puja también por Metrogas). El Gobierno vació el Servicio Meteorológico Nacional y está desguazando la Comisión Nacional de Energía Atómica. Le cede concesiones de servicios ferroviarios al testaferro empresario amigo de un señor feudal dirigente provincial dueño de streamings oficialistas y opositores con la tuya (que también se quedó con el Canal de la Ciudad, porque en todos lados se cuecen habas). Y prepara otros proyectos a medida de megamillonarios como Peter Thiel para consolidar el modelo de enclave colonial. Y esas son solo algunas de las formas de entrega que conocemos. Andá a saber de qué no nos estamos enterando.
El gobierno nacional siente que da vuelta la página, se saca el tema de encima y puede avanzar, ahora sí, con su programa económico exitoso. Se preguntarán cómo pudieron desperdiciar tanto tiempo defendiendo lo indefendible, cómo se dejaron llevar por algo tan menor. Santilli incluso puede servir para suspender de momento la interna, porque se lleva bien con Karina Milei y con Santiago Caputo. Le irá bien, sobre todo al principio, porque la mayor parte de la oposición quiere colaborar con el Gobierno. Los gobernadores ya están coordinando las elecciones provinciales del año que viene y necesitan plata. Nadie quiere oponerse al saqueo. El PRO volverá a amigarse con los libertarios en lo que ya es una alianza de facto. Patricia Bullrich suspenderá su desmarque hasta que llegue el momento adecuado. El bálsamo del Mundial consumirá a los argentinos una vez más. Todo será felicidad. Las encuestas volverán a mejorar y en el oficialismo se convencerán, una vez más, de que la reelección de Milei es inevitable. Ya ha sucedido. Todo marcha de acuerdo al plan.
O no. En una realidad más cercana a la nuestra, la economía de bolsillo del 83% de la población es una tragedia. Para sorpresa de nadie, la Reforma Laboral habilitó una masacre sobre el empleo privado registrado. Eso sobre un panorama que ya venía complicado, y a caballo de la inteligencia artificial y el consumo masivo detonado. La inflación dejó de subir en marzo y empezó a bajar en abril. Puede dar menos del 2% en junio. La cifra seguirá bajando, pero al costo de una actividad cada vez más reducida en los sectores que generan empleo. El supuesto rebote del ingreso real que vende el Gobierno no existe. A lo sumo se pierde un poco menos cada mes. El oficialismo apuesta a que el milagro de bolsillo se materialice por el lado del crédito. Pero las tasas no bajan lo suficiente para que los 7 millones de morosos paguen algo, o al menos refinancien. Todavía hay subsidios por bajar y tarifas para aumentar, sin ningún plan de estabilización de los ingresos a la vista. El ingreso disponible no va a mejorar ni en el corto ni en el mediano plazo. Que ganes más no es parte del Plan. Hay esperanza, pero no para nosotros.
La macro y el frente externo sí tienen buenas noticias para Milei. El PBI sigue creciendo (aunque se contraigan los rubros empleo-intensivos) gracias a Agro, Minería y Energía. A caballo de eso, el Banco Central compró reservas para vivir con lo nuestro mínimo hasta fin de año. El desarrollo en el sector energético te garantiza no perder dólares incluso si se reactiva la guerra en Medio Oriente. El dólar apenas subió y tiene margen hasta el techo de la banda: incluso convendría dejarlo flotar un poco más (suavecito para arriba). No debería haber sobresaltos hasta fin de año. Si Trump pierde las elecciones de medio término y/o la FED sube las tasas de interés, el panorama para el año que viene, ahí sí, puede ser complicado. Pero ¿cuándo fue tranquilo un año electoral?
Sigue de moda la idea de que Milei no reelige porque ahora cae su popularidad. Incluso lo cree el Círculo Rojo, que le busca hipotético reemplazo. Algunos deliran pensando que el PRO tiene rodeado al oficialismo y que Macri puede tomar por asalto el proyecto gracias a sus exfuncionarios. Soñar es gratis. El presidente va a seguir perdiendo popularidad, no por Adorni, sino por la economía. Pero es poco probable que perfore el tercio de apoyo, ese núcleo duro que lo votó en las PASO de 2023. Las elecciones del año que viene son difíciles de pronosticar sin saber todavía cómo se van a disputar, mucho menos sin conocer a los candidatos. No es difícil anticipar un escenario sin primarias (con los gobernadores a favor, el oficialismo puede derogarlas) y con las elecciones porteñas y bonaerenses desacopladas de la nacional (además de las otras 22 provincias). Ese esquema electoral, sumado a una economía dañada, debería resultar en un lento deterioro de la imagen del oficialismo, que llegaría muy golpeado a las elecciones generales. Pero con suficiente fragmentación, en una elección contra cuatro o cinco rivales puede ganar, sea en primera vuelta o en balotaje.
¿Quién le va a ganar? ¿Se le anima algún gobernador? Poco probable, son todos militantes de La Cuatro Añitos Más y Vemos. ¿Se anima Macri? No quiere, su paritaria es mantener CABA, y si quisiera tampoco tiene con qué. ¿Y si aparece algún outsider? Puede pasar, ya somos Perú, pero ninguno parece tener fuerzas o ganas de gastar lo suficiente. Mirá que la Rusa Bregman es la dirigente con mejor imagen del país. Muchachos, no me hagan reír los huevos. No, pero pará, ojo que ya se acerca la fecha en que nuestro amado hermano principal Dante Gebel ha de estar aquí con nosotros, apenas resuelva algunos asuntos que lo retienen en Miami. Bueno, lo esperamos. ¿Y si se sube Daniel Hadad? ¿Y si salta Jorge Brito? Mirá que quiere jugar en la interna del peronismo. El peronismo no existe. Ni siquiera se pusieron de acuerdo en un mecanismo para dirimir una interna básica y se están quedando sin tiempo. Si se suspenden las PASO, el PJ tranquilamente puede llegar a 2027 divido en dos o tres facciones y quedar afuera del balotaje por primera vez en la historia. ¿A quién va a poner Cristina para competir después de los éxitos y la honestidad de Insaurralde, Scioli, Alberto y Massa? ¿Se anima a poner a Máximo? Ojalá. No, pero Kicillof gana, te juro, las encuestas dicen que Milei pierde en todos los escenarios de balotaje. Seguro. Pero capaz ni haya balotaje. Y tengo para mí que ni el tercio que votó por La Libertad Avanza en las PASO de 2023, ni el otro tercio que votó al PRO para después votar a Milei, elegirían a Kicillof en ninguna instancia. Ni aunque todo estallara por los aires.
La hipótesis de Peor es laburar es que Milei, en definitiva, prevalecerá. El Poder Permanente puede no quererlo mucho, pero seguro lo prefiere a la alternativa. Todos están ganando guita, mucha, y si pierden en un sector que ya no es competitivo están ganando en otro. Y enfrente todavía no hay nada. Incluso en los peores escenarios, la gente puede volver a elegir a un Gobierno que le achicó el salario en el neto, si enfrente hay otro que amenaza con achicarlo más. Ante el abismo, se puede abrazar a cualquier cosa. También, por ejemplo, abrazarse a un boludo. A quién no le pasó.






te doy megusta pero es desolador (aunque gran análisis)
Muy buen resumen Facundo. Felicitaciones.