El 2001 del peronismo
Y un avión sin escalas a Paraguay
Lunes 20 de octubre. Anuncian por cuadragésima vez el swap de monedas con Estados Unidos. Después de que Donald Trump dijera que los argentinos “se están muriendo”, el vocero presidencial, Manuel Adorni, asegura: “Si realmente estuviésemos muriendo, no nos hubiese dado ayuda”. Resurge de las SIRAS cenizas Sergio Massa para enseñarte a votar con la boleta única. Graban a un diputado libertario mangueándole el desarraigo a sus asesores. Detienen a un concejal electo del mismo partido por dispararle a su mujer. Martes 21. Mauricio Macri sale a hacer campaña por Fernando de Andreis, que será un “gran diputado del PRO” (iba en la lista porteña de La Libertad Avanza). El PRO anuncia que no fiscalizará para los libertarios en La Matanza. Sturzenegger promete: “Vamos camino a ser Alemania o Japón”. No aclara si antes, después o durante las bombas. Miércoles 22. Boicoteado por Santiago Caputo y sus paladines, renuncia el Canciller Gerardo Werthein, no sin antes firmar 80 designaciones. Aterrizan en Buenos Aires el CEO de JP Morgan, Condoleezza Rice y Tony Blair (así empiezan los chistes) para ver cómo anda el país que se acaban de comprar (no era chiste). Jueves 23. Estalla la interna en Camioneros entre “Feúcho” y “Teta”. Designan a Pablo Quirno, exsecretario de Finanzas, como nuevo canciller. Después de sacar a pasear a sus boludos a caballo, Javier Milei cierra su campaña en Rosario. Explota también la interna entre las Fuerzas del Cielo y el armador bonaerense libertario Ramón “Nene” Vera. Javier Milei diserta en una cena organizada por su flamante empleador, el JP Morgan. Viernes 24. Comienza la veda electoral, gracias a Dios. Sábado 25. No obstante lo cual, los libertarios hacen campaña para vincular a Jorge Taiana con el chavismo, con la ayuda invaluable del propio Jorge Taiana. Domingo 26. Elecciones. Aparece para votar José Luis Espert, el proverbial pelado que figura en la boleta, justo a la misma hora que votó Diego Santilli, el colorado. Más allá de eso, la jornada transcurre con normalidad y asiste a votar el 67% del padrón, el nivel más bajo desde la vuelta de la democracia. Contra todos los pronósticos, el mapa se pinta de violeta. La Libertad Avanza gana en 15 provincias, incluyendo la provincia de Buenos Aires y toda la zona núcleo. Por alguna razón, Cristina Kirchner sale a festejar en el balcón de San José 1111 con los candidatos porteños de Fuerza Patria. Donald Trump felicita a Javier Milei. Desde su búnker, increíblemente bien medicado y hasta bañado, el presidente (argentino) brinda un discurso moderado e invita a la oposición a sumarse a sus reformas.
Lunes 27. Fiesta en los mercados. Suben las acciones y los bonos argentinos, aunque el dólar no baja demasiado. Santilli visita el stream de Las Fuerzas del Cielo y cumple su promesa de campaña de raparse en vivo. El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, le pide a Cristina Kirchner que se haga cargo de la derrota. Martes 28. Comienza el escrutinio definitivo. Luis Caputo celebra la baja del “riesgo kuka”. Festival de fallos de la Corte Suprema: rechazan recursos de Guillermo Moreno (a quien condenan por la compra de cotillón “anti Clarín”), de Julio de Vido y de Cristina Kirchner. Además, para demostrar imparcialidad, absuelven a Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Javier Milei y Mauricio Macri en distintas causas. O sea, digamos. Miércoles 29. El Banco Central promete (ahora sí) comprar reservas y remonetizar la economía. Baja la tasa de interés y el dólar vuelve a subir. Scott Bessent asegura que la ayuda de Estados Unidos a Argentina “genera ganancias para el pueblo estadounidense”. Jueves 30. Javier Milei convoca a 20 gobernadores a Casa Rosada para comenzar a debatir el Presupuesto 2026, escuchar sus mangazos y debatir las reformas que se vienen. En contrapartida, y acorde a sus capacidades políticas actuales, Cristina Kirchner recibe a Carlos Maslatón. Viernes 31. Acaso envalentonada por ese éxito, la expresidenta publica una carta abierta de 4 páginas (zzz) en la que culpa a Axel Kicillof por la derrota y asegura que ella tenía razón (sin importar mucho qué haya dicho). También dice que Alberto Fernández y De la Rúa fueron los únicos presidentes en democracia que perdieron las elecciones legislativas de medio término (ella perdió dos). El escrutinio definitivo le da una banca de diputado a Martín Lousteau, que se había quedado afuera. Llega a Buenos Aires el flamante virrey embajador de Estados Unidos Peter Lamelas (sic). Descontentos con la derechización del PRO, siete diputados dejan el bloque amarillo para pasarse a la ultraderecha de La Libertad Avanza. Comienza la noche de Halloween. Mauricio Macri cena con Javier Milei en Olivos. En el para nada falopero horario de las 21.11, el jefe de Gabinete Guillermo Francos comunica su renuncia al cargo “ante los persistentes trascendidos”. Su reemplazante será el vocero presidencial Manuel Adorni, que al final no asumirá el glamoroso conchabo de legislador porteño como prometió tantas veces en campaña. También se va el ministro del Interior, Lisandro Catalán, apenas un mes y medio después de asumir.
Sábado 1 de noviembre. Reaparece Alberto Fernández y promete “algún día” contar qué acordó con Cristina Kirchner en 2019, “pero no va a ser hoy”. Otra carta abierta de cuatro páginas que nadie lee, esta vez de Kicillof a Milei. Más llanto, ahora de Mauricio Macri a Milei por la salida de Francos y porque no le dieron bola en su tenaz tarea de lobby. “No logramos ponernos de acuerdo”, lamenta. Inspirados en el pedido de renovación de figuras e ideas en el peronismo, el recién nacido Máximo Kirchner encabeza un acto con el nonato Guillermo Moreno y pide dejar de culpar a Cristina. Domingo 2. A la hora del corchazo dominical, Milei anuncia que Diego Santilli tampoco asume su banca porque va a ser ministro del Interior. Aplauden los gobernadores, llora Macri, saluda Santiago Caputo y festeja Karina Milei, que en definitiva es la que lo eligió. Lunes 3. Milei recibe a los saltitos a su nuevo gabinete. Karina Milei y Manuel Adorni reciben a pastores evangélicos en Casa Rosada. Martes 4. Designan como viceministro de Salud a un amigo de Caputo y aportante de campaña de Milei, porque ya fue todo. Termina el escrutinio definitivo y Fuerza Patria achica la diferencia en provincia de Buenos Aires, aunque sigue saliendo segundo. Habilitan la compra de fusiles semiautomáticos para civiles. Miércoles 5. Jura Manuel Adorni como jefe de Gabinete. Abrazo de Karina Milei a Santiago Caputo. No pudimos chequear la versión de que le habría dicho “sé que fuiste tú, Freddo, me rompiste el corazón”. La CGT elige un nuevo triunvirato con Octavio Argüello (Camioneros), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Jorge Sola (Seguros). Jueves 6. Comienza el megajuicio por los Cuadernos de las Coimas. Cristina, que asiste por zoom, primero publica un testamento que nadie lee y más tarde, a la noche, sale a saludar desde el balcón a la nada. Diego Spagnuolo, el de los audios de las coimas (¿Se acuerdan? Son otras coimas, por las dudas), ahora dice que los audios son falsos y pide anular la causa. Milei promete mantener las bandas de flotación cambiaria. Viernes 7. El nuevo canciller, además de sus dudosas visiones sobre Malvinas, alardea sobre su antecesor que participó del Cabildo abierto de 1810 y votó a favor de la continuidad del Virrey Cisneros. Parece joda, pero es joda. Patricia Bullrich busca detectives para la Federal en Twitter. En su permanente afán por solucionar la superpoblación, Federico Sturzenegger “desregula” la fabricación de vino (centennials: googleen “Soy Cuyano”). Comienzan las primeras reuniones de Diego Santilli con gobernadores. Al final, el slogan de campaña era cierto: había que elegir al colorado para sentarse en el pelado.
El 2001 del PJ
La derrota electoral del Artista Antes Conocido Como Partido Justicialista en las elecciones legislativas de 2025 es innegable por su magnitud. El peronismo sólo pudo ganar ocho provincias y perdió la provincia de Buenos Aires. Perdió por pocos votos, sí, pero después de haber ganado la legislativa local en septiembre por 13 puntos de diferencia. La magnitud de la crisis se amplifica si recordamos que, por primera vez en la historia, el peronismo perdió tres elecciones nacionales consecutivas (legislativas 2021, presidenciales 2023 y estas).
La crisis no es sólo electoral o de la interna, sino política y de representación. Las candidaturas no se dirimieron en nada parecido a una interna, sólo volvieron a elegir entre los mismos nombres de siempre. Los dirigentes del peronismo no se parecen en nada a los votantes que pretenden representar, ni entienden quiénes son, ni cómo viven, ni qué quieren. Ya no hay dirigentes que se parezcan a los argentinos como Evo se parecía a los bolivianos. No hay un Lula monotributista que no llega a fin de mes, y si lo hay está esperando su turno muy lejos en la cadena de conducción.
El peronismo llegó a la presidencia en 2019 de la mano de Cristina Kirchner y sin tener claro para qué (paraguayo). En 2021 ya estaba roto en internas pero fueron juntos igual en defensa de una entelequia vaga, los derechos, el Estado te cuida, etc, y perdieron. En 2023 había todavía más internas y una inviabilidad en la propia coalición de gobierno que sólo prometía seguir si ganaban. Igual alcanzó la campaña del miedo y “votá al tipo normal” para casi arañar el 40% y ganar en primera vuelta. Pero era imposible abstraerse de la idea subyacente, un zumbido en el aire, de que eso era un quilombo y que iba a seguir siendo un quilombo, porque si estos pudieran dejar de hacer quilombo lo estarían haciendo. A la gente le dijeron “es nosotros o el salto al vacío” y el votante eligió el vacío. Toda autocrítica tiene que empezar por ahí, pero todos hacen como que no pasó, y si pasó no fueron ellos, fue Alberto Fernández.
En 2025 la idea fue “frenar a Milei”, sin saber muy bien cómo ni por qué, pero con el objetivo real de resolver una interna que tampoco le importaba demasiado a nadie. El desdoblamiento sirvió para ganar las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre porque la gente valora el trabajo de cada intendente (¡hasta Mayra Mendoza ganó!) y la territorialidad pesa. Pero no hubo un trabajo de explicar por qué se quería ir al Congreso, para hacer qué, ni cuáles eran las propuestas de las partes. No llegó a haber ruptura, pero tampoco se resolvió el problema entre Cristina Kirchner, Axel Kicillof y lo que queda del peronismo. Todos creen tener razón y nadie va a hacer nada.
El peronismo terminó compitiendo en octubre con listas armadas a dedo, sin representantes de los intendentes a los que deberían defender, con candidatos intrascendentes a los que había que esconder, y eso que enfrente había un tipo al que literalmente bajaron por presuntos vínculos narcos. Fue una campaña desganada, desmotivada, sin ilusión, igual a la de 2021, y de alguna forma logró incluso sacar menos votos que hace cuatro años. Milei logró instalar la idea de que si perdía venía el caos, y el peronismo la alimentó pensando que eso le convenía en lugar de pensar en lo que perderían sus supuestos votantes.
El peronismo conducido por el cristinismo se consolida como un fenómeno de retaguardia conservador de la provincia de Buenos Aires, un lugar donde encima pierde. Es un espacio que no gana ni deja ganar, que no puede hablar de lo que hizo ni explicar hacia dónde va. Rompió con los dirigentes territoriales que antes podían salvarlo. Y todos los caminos posibles conducen a alianzas inconsecuentes para esconderse atrás de figuras con imágenes apenas mejores. No es muy esperanzador.
El radicalismo colapsó con la hiperinflación de 1989 pero logró reconstruirse y volver al poder diez años después, con una promesa doble de respeto institucional y mantener la convertibilidad. Pero el uno a uno ya era insostenible y mantenerlo terminó en otra megacrisis. El partido centenario lleva desde entonces 25 años sin poder articular una alternativa nacional.
¿Es este el 2001 del PJ? ¿Le espera un destino parecido? El peronismo ya superó 18 años de proscripción, pero con un líder y una idea clara con los cuales volver. También pasó los 13 años entre el golpe de 1976 y las elecciones de 1989, pero en el medio surgieron nuevos líderes, hubo renovación de ideas, se disputó una interna. Pretender “volver” hoy (¿a qué?) con las mismas ideas que ya fracasaron los últimos 15 años es ridículo. ¿Imaginan a Menem haciendo campaña elogiando a Isabelita?
Dos caminos para Milei
El triunfo de La Libertad Avanza revivió a un gobierno de Javier Milei que estaba para el cachetazo. Todas las cosas que en la víspera habían conspirado para hacer parecer que la gestión era insostenible terminaron operando en favor de los libertarios. Incluso los doce millones de personas que no fueron a votar, la verdadera primera fuerza a nivel nacional, ayudaron al oficialismo.
La Libertad Avanza sacó 9,3 millones de votos, un millón y pico más que en la primera vuelta de 2023, y cinco millones menos que en el balotaje de ese año. Con la participación en el 67%, esa cifra le alcanzó para sacarle 7 puntos de ventaja a Fuerza Patria y revertir la derrota en la provincia de Buenos Aires. Al final se equivocaba Santi Caputo: no hace falta salir de la democracia, alcanza con generar suficiente apatía en el electorado para ganar con una minoría. Contra lo que anticipaba Peor es laburar y la mayoría de los analistas, Milei logró pintar el mapa mayormente de violeta y se llevó la victoria en 15 provincias, incluyendo toda la zona núcleo. Puede fallar.
Es una victoria categórica contra nadie. Milei ganó solo y por abandono. En la previa, Pablo Semán planteaba que el presidente no tenía contra quién perder, y tenía razón. El peronismo no ofrecía ni candidatos ni propuestas, ni siquiera competía en todas las provincias. La opción de “centro”, Provincias Unidas, prometía hacer lo mismo que Milei pero con buenos modales. ¿Por qué votar a la versión Manaos si el original incluso ahora aparece bañado y no insulta? El presidente celebra en un podio vacío.
La victoria le ordena toda la gobernabilidad posible a Javier Milei. En el Congreso, no tiene el tercio propio de Diputados, pero se acerca a los 100, y con los aliados que ya tenía puede bloquear cualquier intento opositor sobre sus decretos. Va a necesitar, eso sí, el apoyo de los gobernadores para aprobar las reformas que impulsa para la segunda mitad de su mandato: la laboral, la impositiva y la previsional. Ese apoyo, desde ya, no va a ser gratis y se va a intercambiar por obra pública y otro tipo de fondos. El Gobierno va a tener que hacer malabares para conciliar esa demanda con la necesidad de mantener el superávit fiscal. Pero los gobernadores que ya eran libertarios vocacionales antes de la victoria de Milei ahora van a serlo todavía más.
El triunfo también le permitió a Milei ordenar la interna, alinear a los desalineados, volver a transformar en creyentes a los incrédulos en su propia coalición. Haber ganado por un margen tan amplio le evitó tener que apelar a la ayuda de Macri, al que se da el gusto de orinar, y le permite negociar desde arriba con el resto de sus aliados. Karina Milei se erige como la gran ganadora y revalida el poder de los suyos, empezando por los hermanos Menem y consagrando a Adorni como jefe de Gabinete. Queda herido Santiago Caputo en un triángulo isósceles que cada vez se angosta más. Pronto será una recta. Ya no lo necesitan de intermediario (más bien lobbysta de sí mismo) en la relación con Estados Unidos. La hermana reactivará el plan original de hace unos meses, antes de la crisis, para desplumarlo de a poco.
Con esos datos, es tentador tomar el triunfo como absoluto y aprovechar para ir por todo. Podemos ignorar que hasta el primer semestre de 2024, la expectativa era que La Libertad Avanza ganaría por mucho en todo el país y hasta en las elecciones bonaerenses locales. En el medio pasaron cosas, que ahora quedan en el olvido, desde Libra hasta la negativa a aplicar una ley promulgada por el propio presidente, pasando por los audios de las coimas y las narcovinculaciones de Espert. Todo pasa.
Algunos analistas invitan a leer el resultado electoral como un respaldo a Milei por la baja de la inflación pero con una demanda pendiente de crecimiento económico y salarial. Un último voto de confianza por la inexistencia de alternativas. Puede ser. O no. También puede leerse como un voto defensivo ante la posibilidad de que explote todo, de parte de una población de ingresos ya colapsados, endeudada y que no llega ya ni a mitad de mes. Toda esa gente, haya votado a Milei o no, va a demandar una mejora en sus ingresos. ¿Puede dárselas este modelo económico?
El salvataje de Estados Unidos, el tercero al que acudió el Gobierno en un año, le permitió llegar a las elecciones. Y el triunfo electoral le sobró para evitar la devaluación más anunciada de la historia. Pero este modelo muletto sólo generó recesión en el último semestre y los inversores de afuera le piden retoques. En concreto, que abandone o al menos modifique el esquema de bandas, para que el tipo de cambio encuentre tal vez un precio más viable. El Gobierno da señales cruzadas al respecto. Toto Caputo dice que sí y Milei dice que no. No es la primera vez.
A Milei se le abren dos caminos. La opción fácil es la de dejar todo como está, si hasta ahora funcionó (ponele) y esperar a que las contradicciones de su propio modelo económico (y de su conducción política) se resuelvan huyendo hacia adelante. Puede funcionar, o puede chocarla. La opción difícil es cambiar.
Por ahora, a sus votantes Milei les ofrecerá más aumentos de tarifas y la salvación de una Reforma Laboral inspirada en el modelo de Paraguay, un país donde los trabajadores gozan de la libertad de cobrar 400 dólares y el 60% sigue en la informalidad. Como es un deseo de toda la clase política, que además es la clase empresaria, va a salir de una forma u otra. Ahí vamos.






Excelente. Y deprimente. Saludos.